La Vuelta a España es un negocio rentable para las empresas; y estos patrocinadores son un elemento fundamental en la sostenibilidad de estas carreras. Y del ciclismo, un deporte muy dependiente de los ingresos provenientes de aquellas compañías en cuyos planes estratégicos encaja el identificarse, y promocionarse, a través de los valores de la bicicleta. La otra vía de ganancias proviene del aporte económico de las televisiones y de diputaciones y ayuntamientos que realizan un desembolso económico a cambio de obtener una llegada o una salida de etapa. Es la manera en la que el dinero pedalea sobre las carreteras.
Esta nueva edición de la Vuelta a España es la Vuelta a España de los 20 millones de euros de ingresos provenientes de patrocinios. Un total de 37 empresas muestran su apoyo a la carrera española. Unas marcas que, en función de su estatus patrocinador, gastan desde un millón de euros, en el caso de los patrocinadores principales, a los 150.000 euros que se requieren, como mínimo, para adentrarse en la caravana ciclista. La empresa predominante es Carrefour y un escalón por debajo aparecen Cofidis, Loterías y Apuestas del Estado, Škoda, Continental, Feníe Energía y Dachser. En ese nivel se encuentran otras empresas históricas como Fertiberia, Yamaha o Europcar. Como medios oficiales figuran el Diario AS y la revista Ciclismo a Fondo. La empresa catalana Deporvillage ostenta el cargo de tienda online.
Pero, ¿qué lleva a estas empresas a apuntarse a la Vuelta a España? Fundamentalmente estos números de audiencias (en función a lo registrado en 2018): carrera retransmitida a casi 190 países y con cerca de 400 millones de seguidores. Derechos televisivos que son adquiridos por un total de 16 televisiones; en España, es RTVE quien ostenta este privilegio a cambio de poco más de 2,5 millones de euros. Unos ingresos que apenas suponen una inyección económica para la Vuelta a España. La verdadera fuente de dinero proviene de las empresas patrocinadores, cuyo aporte supone unas cifras cercanas al 90 por ciento.
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Una prueba irrefutable de que la supervivencia del ciclismo (buenas prácticas de los protagonistas aparte) está en el sector privado, en los patrocinadores. De ahí que el ganador de la etapa aparezca con una botella de cerveza, eso sí, sin alcohol. Porque, por el momento, ni por televisiones ni venta de entradas u otras fuentes hay vías de financiación a considerar. Y de este modelo actual no escapa ni el Tour de Francia, carrera también organizada por ASO. La diferencia, lógicamente, está en la mayor historia y grandeza de la ‘Grand Boucle’. Basta el siguiente dado: patrocinar el maillot amarillo cuesta a LCL entre 7 y 10 millones de euros por año. Y marcas como Skoda o Carrefour pagan alrededor de 3,5 millones de euros por edición. Cifras estratosféricas en comparación a la Vuelta a España.