El negocio por encima de los sentimientos. El dinero generado de una competición por encima del peso histórico de un torneo amistoso. Consecuencias del mercantilismo al que se ha sumergido el deporte. El baloncesto no es una excepción; y en estas fechas se echa en falta el Torneo de Navidad que organizaba el Real Madrid, siendo una idea originaria de Saporta. En 2004 debido a esa vorágine de competiciones modernas se cerró una historia de 40 años. Se acabó así con un torneo que supuso el escaparate para el mejor baloncesto del momento (la FIBA lo denominó “mejor torneo amistoso del mundo”) y que congregó a varias generaciones de talentosos jugadores. Los mejores equipos y selecciones deseaban ser invitados por el Real Madrid.
En el Palacio de Vistalegre -escenario de un exilio forzado del Real Madrid al desaparecer el Pabellón Raimundo Saporta y no estar disponible el Palacio de los Deportes- y con el desconocido Telemar de Río de Janeiro (85-69), campeón invicto de entonces de la Liga Carioca, como adversario, se echó el cierre al Torneo de Navidad. Fue un encuentro que simbolizó fielmente el debilitamiento progresivo de un encuentro señalado en el calendario navideño. Hubo idea de reubicarlo, pero el mercantilismo se encargó de soterrar de inmediato cualquier otro proyecto. Bien es cierto que, por aquellas fechas, la sección de baloncesto del Real Madrid deambulaba por las canchas. No era el Real Madrid de hoy en día con Laso al frente de un equipo campeón.
Luyk, Sabonis, Kukoc…
Para el recuerdo, para los clásicos del baloncesto, quedarán grabados episodios mágicos contra clubes, universidades estadounidenses y selecciones como Indiana, North Carolina, Australia, Rusia (antigua URSS), Yugoslavia, Limoges, Yugoplastika, Cibona, Benetton de Treviso, Scavolini, Panathinaikos, Partizán o CSKA de Moscú, entre otros muchos que ansiaban ser invitados. Jugar en Madrid dada cierto prestigio. Porque no sólo era cuestión de jugar y deleitar a los aficionados, sino que también era un modo de dar a difundir el baloncesto e intercambiar conocimientos entre todos los profesionales. Y porque se disfrutó, a lo largo de todas las ediciones, del talento de jugadores de tanto prestigio como Sergei Belov, Drazen Petrovic, Bobby Jones, Bob McAdoo, Sabonis, Radja, Corbalán, Brabender, Emiliano Rodríguez, Fernando Martín, Clifford Luyk, Tachenko, Kukoc, Bertovitz, Delibasic, Gallis, Divac u Oscar Schmidt.
En enero de 1966 tuvo lugar la primera edición, bajo la denominación de Copa Intercontinental FIBA. El torneo tuvo una duración de cuatro días, con Ignis Varese, Corinthians y Jamaco Saints de Chicago como equipos invitados. Luego, el torneo giró a un torneo de liguilla hasta recuperar el formato de semifinales y final en 1997 y, finalmente, a un único encuentro con el cambio de siglo. Su formato de competición no fue lo único que se adaptó a los tiempos; el nombre del torneo también se adaptó para recordar, con todo merecimiento, a dos históricos del baloncesto del Real Madrid: Trofeo Raimundo Saporta y Memorial Fernando Martín.
Las reclamaciones sindicales de los jugadores de disponer de más días de vacaciones, unidas tiempo después a una exagerada ampliación de los calendarios, fue apolillando un torneo que no pudo resistir al mercantilismo. En 2004 echó oficialmente el cierre y para el recuerdo dejo clubes, selecciones, jugadores y partidos memorables, como aquel de 1971 que, según los expertos, fue considerado uno de los mejores encuentros del baloncesto moderno: un Real Madrid contra North Carolina entrenada por el mítico Dean y con Bob McAdoo (dos anillos con los Lakers) como jugador franquicia. La cita estaba aderezada con el elemento de ver por primera vez a un equipo estadounidense en España. Eran otros tiempos, tiempos en los que el negocio no estaba por encima de los sentimientos. Era el Torneo de Navidad del Real Madrid.