Arsène Wenger es un superviviente del fútbol contemporáneo. Actualmente, en este deporte se exigen, constantemente, resultados y caras nuevas. Que un entrenador, como el francés, esté cercano a celebrar su vigésimo aniversario -lo hará este septiembre próximo- en el banquillo de un club, el Arsenal, es una auténtica proeza. ¿Cuántos técnicos están ahora mismo en una situación semejante? Ninguno. Este caso sólo es comparable a trayectorias como las de Guy Roux (Auxerre, 1961-2005; récord absoluto, con 44 años, entrenando al mismo club), Sir Alex Ferguson (Manchester United, 1986-2013), Ronnie McFall (Portdown irlandés, 1986-2016) y Valery Lobanovsky (Dinamo de Kiev, 1974-1990). ¿Y qué dice el protagonista al respecto? «No quiero y no tengo dudas sobre mi motivación en el club. Yo he construido un poco el equipo y si comparamos el club desde el momento en que llegué hasta el día de hoy hemos avanzado. Y eso sin dinero, sólo dinero producidos del trabajo bien hecho. Estoy más motivado que el primer día que llegué. Pero cuando llevas tiempo en un sitio siempre te lo preguntan. Yo le dedico más tiempo a mi club ahora que cuando llegué», reflexionó Wenger en la previa de la que pudo ser su última eliminatoria europea con el Arsenal.
El preparador francés tiene razón. El crecimiento experimentado por el conjunto inglés durante estas dos últimas décadas no se entiende si la figura de Le Professeur o The Economist (Wenger es licenciado en Económicas por la Universidad de Estrasburgo). Sin embargo, nuevamente, otra temporada más, la Champions League continúa siendo un obstáculo insalvable para Arsène Wenger y su Arsenal. Es la asignatura pendiente. El Barcelona de Luis Enrique ha puesto, nuevamente, el suspenso a Wenger y su Arsenal. Él, sin embargo, no cree en notas negativas: «Creo que soy bastante honesto para dar lo mejor. El fútbol no me debe nada. Sé que habré dado lo mejor para el club y lo que piense la gente es diferente. Una dedicación honesta y un compromiso total es importante».
Durante estas casi dos décadas, el conjunto erradicado en Londres ha conquistado 15 títulos (3 Premier League; 6 FA Cup y 6 Supercopas), catálogo de trofeos entre los que se encuentran tres Premier League (en 2003-04 no perdieron ningún partido, siendo esto un récord dentro de la historia de la competición inglesa, y enlazaron una racha de 49 encuentros invictos) y dos dobletes (Premier League y FA Cup en los cursos 1997-98 y 2001-02). El Arsenal se ha labrado un nombre en las Islas Británica y en Europa de la mano de Wenger, que suma 1.110 encuentros (con 635 victorias, es decir un 57%) de carácter oficial en estos prácticamente 20 años en el banquillo.
A nivel personal, el entrenador francés ha sido reconocido como entrenador del año de la Premier League (1998, 2002, 2004) y Premio Once de Oro al mejor entrenador de Europa (2000, 2002, 2003,2004). Aunque también han existido épocas de vacas flojas. Desde el 2005, cuando conquistó la FA Cup, el Arsenal no se alzó con otro título hasta la temporada 2013-2014. Dato oscuro aparte, la contribución de Wenger al Arsenal ha trascendido más allá de los resultados deportivos. El francés, el sueño de siempre jamás conquistado por Florentino Pérez, ha modernizado toda la estructura del club de Londres, desde el cuidado de los campos de entrenamiento a vigilar la alimentación de los jugadores. Más conocida es su labor como descubridor de jóvenes talentos, guiándoles como un verdadero padre futbolístico.
Puerta cerrada a Europa
Pero cuando se habla de Champions League todo es muy distinto. Los renglones son torcidos en este apartado histórico. En la máxima competición, sólo una final, en 2006, en París, precisamente contra el Barcelona (1-2). Y un sinfín de tropiezos en los octavos de final. Sólo se recuerda una semifinal y dos presencias en cuartos. Estos sinsabores contrastan con el buen aroma de consolidar al Arsenal entre los grandes del balompié. Pero, eso sí, sin resultados dignos de mención. El Arsenal, y con ello Wenger, siempre ha hincado su rodilla ante todo tipo de adversarios: PSV Eindhoven; Liverpool (con Benítez como entrenador); Manchester United (en semifinales y contra Cristiano Ronaldo); Barcelona (en tres ocasiones); el Milán (con Ibrahimovic), el Mónaco; y el Bayern Múnich en otras dos ocasiones, una de ellas con Pep Guardiola ya a los mandos del conjunto bávaro. La pesadilla europea persigue al Arsenal y Wenger hasta en la segunda competición europea: también perdió la final de la UEFA en 2000 ante el Galatasaray, desde los once metros. Balance de resultados europeos que no borra la huella dejada por Arsène Wenger en el Arsenal y en el fútbol.